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La manera correcta de vivir

la manera correcta de vivirAsí, hay una manera de vivir que es propia de los “buenos” y otra que es propia de los “malos”. Esto parece definir dos modelos. Pero el vigente, hace una calificación que une y subordina: el de los “buenos es el normal” y el de los “malos es anormal”!!!!!!!!

 

Incluso la idea de normalidad aparece homologada a la de natural, dándole una fuerza casi incuestionable. Lo “anormal es así antinatural”... aunque surge de lo biológico, en esta versión, es “antinatural”. Las contradicciones siguen sumándose y realmente no cierra por ningún lado. Es como esa frazada de una plaza en una cama de dos: cada vez que tratás de cubrir una zona queda al descubierto la otra.

Este modelo tiene un sistema de creencias y valores que lo define. Generando una serie de pautas de cómo se debe vivir si se es “bueno”. El proceso vital está pautado desde el nacimiento hasta la muerte. Hay una idea de persona que dirige el ideal familiar, social y el individual.

Se distribuye en el tiempo fijando etapas rígidas, expectativas de lo que se debe lograr en cada una, ideas sobre cómo debe ser cada etapa, y definiciones sobre el lugar de cada uno y los valores a tener en cuenta. Los promedios son fundamentales y hay que tratar de pertenecer a la media, parece decir: masifícate y pertenecerás.
Hay una idea de familia nuclear: madre, padre e hijos, de mujer, de hombre, de esposo/a, de la vida, de las instituciones, de la sociedad que se presenta como “así son las cosas” y se configura en un “deber ser”. Todo aquel que no cumple con este modelo, es “anormal” y por lo tanto, es del bando de los “malos”. Son los “anti”... los que viven como “no se debe”... Los excluidos y marginados por no cumplir con lo esperado socialmente.

¿Cuántos “debes” dirigen tu vida? ¿Cuántos esfuerzos haces para cumplir? ¿En tu vida predomina el “debo” o el “quiero”?
¿Cuán pendiente estas de llenar las expectativas de los demás postergando tus sueños, tus deseos, tu amor?

Una joven sufre si no tiene una pareja en la veintena y comienza a preocuparse si no tuvo su hijo en la treintena. Un joven siente que necesita ser exitoso en la veintena o producir su millón, porque luego ya no quedan muchas posibilidades...
Las parejas se unen por amor y conviven en el conflicto y el desamor. Se sienten perplejas cuando cumpliendo con todo no surge la felicidad prometida, y se culpan mutuamente. La familia invade a la pareja, los proyectos personales alejan o resquebrajan a las parejas, los compromisos para llegar a los objetivos exitosos entristecen y aislan a los miembros familiares, las demandas afectivas se postergan en pos de llegar…y ganar…. ¿qué? Carente de claroscuros o grises, dirige nuestras decisiones permanentemente. Y por sobre todo las patologiza. Considera que aquel que no recorre el camino como se espera sufre una anormalidad que la ciencia humanista tratará de curar, o sea de volver a llevar al redil, al rebaño de los “normales” o condenará a un exilio definitivo, cual estigma imborrable: ”No tiene cura”,”hay que encerrarlo”...

El mito de lo “natural” es su línea. Busca en estos determinantes la exactitud de sus criterios en un afán de establecer algo definitivo, claro, estructurado y rígido. Habla estadísticamente y fija promedios esperables. Así define lo que debe suceder a cada edad y a cada sexo: “en este momento se espera que usted haya llegado o haya logrado...”, ”lo natural es que…”. Y esta simple frase evoca una culpa o una vergüenza que se trata de disimular pero que carcome en privado…”no llego…algo me pasa”…y la culpa inunda responsabilizando al individuo y a su origen familiar genético llevándolo a la convicción que no hay salida, “no puedo ser como se debe ser “…

Los “derechos” y los “deberes” son diferentes por el hecho de haber nacido hombre o mujer y se debe ajustar a determinada distribución de virtudes y aptitudes. El hombre es el responsable de proveer... la mujer de cuidar la familia... y se fundamenta en las raíces tribales donde el hombre salía a la caza y la mujer cuidaba de los hijos y daba el sexo para devolverle contención luego de la ardua lucha. Pero han pasado muchos siglos y mucha cultura incorporada de generación en generación. Además cuando las condiciones lo requieren, repentinamente la mujer tiene que salir a “la lucha” para salvar la situación, pero debe retornar a lo instituido por la biología social “cuando cambian las necesidades” ¿Insólito no?

Además, si cumple funciones siempre deberá demostrar su eficiencia porque ella siempre está a prueba… es condicional al beneplácito del paradigma masculino que se rige por esta “mirada objetiva”.

La maduración humana también es reglamentada. La influencia de lo familiar, comunitario y contexto socioeconómico se minimiza en relación con estas determinantes de nacimiento.

La tarea de todos es ajustarse a estas pautas sin reflexión ni crítica. Así son las cosas por un criterio que parece ser extrahumano, natural, es ley incuestionable, y las ciencias tratan de fundamentarlo.

Pero la premisa es intocable. Paulatinamente vemos mezclarse, casi como sinónimos: normalidad, natural, bondad, real. Este modelo que tiene la habilidad de crear la ilusión de algo verdadero, necesario y saludable, que expresa la realidad, tiene como aptitud invertir el orden del problema y poner como consecuencia a la causa “EL MODELO FUNCIONA porque refleja la realidad, ALGUNOS INDIVIDUOS NO PUEDEN O NO QUIEREN ADAPTARSE, EVIDENCIANDO SU ANORMALIDAD GENETICA. Es decir, el modelo es perfecto, los que fallan son algunos humanos.

En lugar del modelo estar al servicio del bienestar humano constriñe de tal manera que genera malestar y sufrimiento personal, por la culpa, la vergüenza, la insatisfacción, la tristeza, el dolor o la violencia de no reunir todos los requisitos. O al intentar hacer creer que los requisitos se reúnen para superar el estado de amenaza o miedo a ser excluido, rechazado, que el modelo produce subliminalmente.

Generan vacío por la simulación, la farsa, la hipocresía. Se vive en examen, a la defensiva, sin entrega ni espontaneidad. El control, la dependencia y el sometimiento definen los vínculos.
Quita conciencia, nos desvirtúa, nos violenta, induce el malestar y el vacío. La desconexión es indispensable para ser exitoso. Cuanto más eficaz, rápido y eficiente seas para cumplir con lo que se espera de vos serás elegido, alabado, reconocido, aceptado.

Obviamente es un modelo para el ego personal, te infla, te premia, te idolatra, te da honores, para que no veas la dependencia que genera, la alarma permanente para no perder este lugar, te distrae y te fascina, de manera que no te des cuenta que a cambio te roba la libertad de ser, sentir y realizar una vida integra en todos los aspectos y niveles.

No importa lo que dejaste en el camino, importa cumplir con lo que se espera que seas en cada momento. La mayoría, aún llegando siente un desasosiego interno, que llena con más de lo mismo porque se crea la ilusión que el problema es de cantidad, ya que la receta es única y no hay nada más que valga la pena.

O se pasa a ser un consumidor de sustancias que adormecen estas vivencias, es decir con adicciones: ”Si tengo una casa de fin de semana, si produzco una empresa más grande, si soy exitoso en ... tendré paz”,” me sentiré feliz”, como esta vivencia no llega, creo que no fue suficiente, tengo que acaparar más, tengo que ir más rápido, llegar antes, obtener el lugar que tiene el otro, necesito estimularme para sostener el ritmo, y si no, para sostener el fracaso y la condena. En lugar de cuestionar el modelo, el camino, que enseña a buscar afuera lo que está adentro.

Si, muchos sufrimos en silencio la consecuencia cercenante de esta normalidad, sin embargo como tiene calificado al que lo cuestiona de anormal (no al modelo creado por algunos hombres) se asegura la imposibilidad de cuestionamiento y se condena al cuestionador. Enseña a negar el problema afuera y siempre ponerlo adentro. Cruel mecanismo que asegura su permanencia eterna... a costa del bienestar humano.

Claro usa creencias como estas: “la vida es sufrimiento”, “la vida es una lucha”, “si querés podés, no sólo hay que ser hay que parecer.”... Implica la hipótesis que todos los hombres y las mujeres son iguales, homogéneos, clones...

Varias paradojas se ponen en juego, pero en particular: si es natural, cómo va a depender de la voluntad pertenecer o no... Sin embargo, en un salto que no se explica, afirma que si uno quiere puede pertenecer al bando de los “buenos”... sólo tiene que controlarse, esforzarse, dominarse... insólitamente el determinismo se transforma en un acto voluntario para pertenecer... Esto afirma un tinte individualista donde cada uno es lo que quiere ser aunque sea un ser social y SEA PRODUCTO DE TAL DETERMINISMO. Las contradicciones se incrementan, se vuelve difícil comprender la lógica de esta ilógica. La frazada nos queda cada vez más chica.

¿Cuán saludable puede ser tener que forzarse para tener aptitudes o habilidades que no se tienen naturalmente por haber nacido hombre o mujer? ¿Cuán lógico es reprimir deseos o necesidades o capacidades para ajustarse al modelo de hombre o mujer por esta propuesta estipulada? ¿Por qué se homologa diferencia con defecto cuando es propia del ser humano su diversidad?

Vemos así que en nombre del orden social, del “DEBER SER”, SE RECORTA Y APLASTA AL POTENCIAL HUMANO. Pero se lo convoca a que elija cuando se obturó la capacidad de elegir. Y lo más increíble: se generó una carencia interna y se armó para que se crea que se llena afuera… en los logros o éxitos externos. Pero nadie cuenta lo que se siente realmente cuando llegas:
te sentís vacío, porque la carrera terminó y si no se armo otro objetivo te sentís perdido, entonces corres en pos de distractores sociales o tecnológicos que permitan desconectarse de esta vivencia.

Si este modelo representara a la realidad, todos podríamos transitar por él sin dificultades y con satisfacción. La mayoría de nuestras potencialidades podrían realizarse en él y nos encontraríamos con obstáculos en lugar de exclusiones....

Las personas se culpan por no lograr lo establecido... No importa lo que se desea, importa cumplir con las expectativas de lo que se “debe ser” en cada momento y en cada circunstancia.

Así el peso de las expectativas propias en consonancia con las de los otros es alto. Se vive para cumplir o para rebelarse a ello y ser “los otros”.Una categoría como una gran bolsa de gatos, donde va todo aquel que demuestre o ponga en evidencia que no se ajusta al modelo.

Claro, el cúmulo de ocultaciones, mentiras, simulaciones y manipulaciones en el “bando de los buenos”, demuestra que no se puede cumplir muy “naturalmente” sino más bien de manera forzada. La falta de alegría y de espontaneidad, la frialdad, distancia y rigidez en los vínculos aún más cercanos llevan a preguntarse si vale la pena....

¿Por qué mantener una manera inventada de vivir cuando sus resultados generan malestar en las personas?
¿Por qué no cuestionar al modelo en lugar de las personas?

Un modelo es efectivo cuando responde a las necesidades para el que fue creado... si no responde a las necesidades de muchos, ya que hay tanto malestar y sufrimiento... ¿Qué necesidades atiende este modelo?

Lo primero que se observa es que intenta ordenar y organizar, pero desde la idea de control de algunos sobre otros... en pos de la seguridad, construye murallas invisibles entre las personas, además de las reales... por todos lados se observa división, límites, separación.

Se extiende la vida pero la tercera y cuarta edad quedan recluidos en geriátricos o excluidos de familias y producción, considerados trastos viejos, desvalorizados, en lugar de ocupar el lugar de los sabios. El desencuentro en las relaciones es cotidiano, en nombre del amor se genera desamor, la rivalidad y la competencia en pos de elementos de poder arrasan con la camaradería, los jóvenes hoy desplazan a la generación de sus padres en las empresas, la droga se consume en altas proporciones en países desarrollados, el suicidio adolescente es significativo, en fin, un sinnúmero de síntomas sociales lo expresan.

¿Qué tememos tanto que esta ilusión de seguridad nos puede de tal manera? ¿Qué estamos dispuestos a entregar lo más hermoso nuestro: la libertad? ¿Le tememos a nuestra libertad? ¿Por qué tantos miedos?

El modelo de desconexión emocional en aras de la eficiencia deja al individuo sin contacto con sus raíces y mensajes internos. Cual hoja al viento, la persona se siente a merced de una incertidumbre que no soporta, pues perdió sus recursos para vivirla con comodidad y cree que los tiene que crear afuera, en lo material: más grande es mi castillo más seguro estoy....nada más absurdo....cuanto más grande , más cuidados necesita y más dependo de otros para mantenerlo, es una rueda sin fin, que en nombre de la seguridad ata cada vez más a compromisos y responsabilidades lo que es peor, hay que ir generando controles a los que dan la seguridad, comprar seguros ante los riesgos de no obtenerla a pesar de todos los intentos, y de cubrir la propia muerte ya que no se la puede evitar dejando dinero para los que quedan vivos o saber que a pesar de todo la frugal vida humana se impone a pesar de todos los intentos y allí no hay diferencias entre “buenos y malos”, entre “normales y anormales”.

El modelo le promete estos recursos si cumple con las reglas, si es “normal”. La normalidad parece el pasaporte a la seguridad. Sin embargo, sólo lleva a la masificación, al anonimato de las grandes ciudades, al dominio de la tecnología sobre lo humano, a la omnipotencia de colocarse como centro del universo, en un egocentrismo delirante.

Distanciado cada vez más de su entorno natural, metido en fortalezas de cemento, lleno de luces artificiales que le impiden ver las estrellas, se crea un mundo ilusorio de seguridades, que lo alejan de su verdadera pertenencia, de la conciencia de ser parte de algo que lo trasciende, y lo deja perdido en el universo, viajando en un planeta, sin rumbo ni sentido. Su conciencia queda empobrecida y muy lejos de su origen cósmico.

Es decir, primero invalida al ser humano, le niega sus recursos internos, lo reduce a un intelecto que camina, y luego le crea una ilusión de protección, de seudo seguridades, que lo empequeñecen, lo limitan, lo dejan inseguro, y en un mundo artificial lleno de prospectos sobre cómo se debe usar . Rodeado de máquinas y controles remotos la soledad le incrementa los fantasmas de un mundo incontrolable en nombre del control. Las certidumbres inventadas son monotonías de hábitos para quedarse dentro de esta fortaleza estéril, donde hay que tratar de evitar que algo cambie. Cómo esto es imposible pues es parte de la vida el movimiento permanente, entonces se inventa más tecnología y más manuales de uso. Todo se simplifica pero a la vez se complica, perdidos en esta lluvia de estímulos tecnológicos, encandilados por los fuegos artificiales, nos quedamos encerrados en bunkers cada vez más pequeños en forma de barrios privados... porque los “malos” cada vez acechan más.

Un fuerte paredón de reglas y pautas pretende dar la ilusión que gobernamos lo ingobernable... que dirigimos lo que no conocemos, que tenemos poder en lo que somos partícipes de corta vista: el destino y el sentido humano.

¿Cuando nacemos y cuando morimos, por qué enfermamos, por qué somos tan indefensos ante el poder de la naturaleza?

Se intenta crear un fuerte inviolable donde estos peligros y muchos otros no puedan surgir....y se crea esta propuesta social como si no lo fuera sino que emergiera de la misma naturaleza y por lo tanto, tan inherente a lo humano como la genética o la biología. Pero nada más lejos de esto que lo humano.

Nacemos con un espacio a formarse, a definirse, que es propio de todos nosotros, que da lugar a la cultura, a la creatividad, al aprendizaje, que si bien permite que nos adaptemos a este modelo, también permite que construyamos otros si reconocemos que nuestras necesidades pueden ser atendidas de otra manera, o si privilegiamos o incorporamos otras necesidades que el modelo imperante tiene que atender. Un cúmulo de reflexiones surgen a partir de esto.

¿Qué sentido tiene un modelo que no puede contener las necesidades de todos salvo incluyéndolas en una categoría “los otros” y de forma descalificatoria? ¿La necesidad de crear una ilusión de seguridad es primordial en la condición humana? ¿La honra, la despliega? ¿O la esquematiza y reduce a lo más superficial de su condición, casi en pos de un objetivo que quiere negar su propia esencia: la fragilidad inherente, la impermanencia?

Cuya conciencia y aceptación con el contacto interno abren la verdadera seguridad humana: la percepción amorosa de la unidad de la que forma parte, que abraza, proteje, cuando uno lo deja, soltando esta vivencia ilusoria de separación.

¿Qué sentido tiene un modelo que fuerza a los integrantes a recortarse partes para poder pertenecer, o estimula la simulación y la hipocresía, la mentira y la manipulación, que a su vez condena?

Alienando individual, familiar y socialmente.
¿Cómo explica tener un modelo social para seres que configura como entes separados, transformándolos en los únicos culpables de sus actos, y les dice que dependen de su voluntad hacer lo correcto o no...?¿Aunque esté determinado biológicamente? El sinsentido crece.

¿Qué lugar le deja a la familia, que define como célula social, al deslindarla de responsabilidad sobre lo que surge de cada ser humano?

Y a su vez jerarquiza la familia pero crea las condiciones para que se configure en un conjunto de soledades en convivencia, donde se carece de tiempo y de entrenamiento para el encuentro profundo y la intimidad.
¿Por qué deja de lado el aspecto creativo de la condición humana, esta parte no determinada, este germen de nuestra condición humana, que permite transformar y transformarse, ser co-participe de la creación, condenando a reducirse a autómatas?

En su afán de simplificar, acotar, asegurar, proteger y limitar, dejó de lado la esencia humana: su necesidad de crecimiento y evolución, que viene de esa capacidad de incorporar las reglas, de aprender, de crear, de desplegar el potencial para ser de múltiples maneras. Si, la diversidad parece generar caos pero en realidad es la primera etapa de toda transformación y expansión, algo se desestructura mientras algo se esta estructurando, no se puede tener uno sin el otro, solo hay que aprender a transitar este primer periodo…

Este modelo intenta controlar un aspecto sin darse cuenta que bloquea la vitalidad de la humanidad, la deja de lado, sin sus emociones desprolijas, sin su intuición inexplicable, sin sus sensaciones sabias...entrenando a sobrevivir, mientras la vida pasa al lado!!!!!

Para ello separa al intelecto del resto de los recursos humanos y lo sobrevalora. Así una parte de la persona somete o limita sus otras capacidades, que parecen desordenadas porque pertenecen a otro orden... pero como el modelo no lo contiene, las excluye, y condena a vivir sin ellas.

Si, ser adulto es ser lógico y racional... por lo tanto, se desprecia, ni se investigan otras lógicas humanas, que contienen otras fuentes de información, de decisión, de sentido vital... de seguridades internas que dan solvencia y certeza para moverse en la vida sintiendo su riqueza, su fluir.

El dominio del intelecto coincide con lo que se espera de la persona: que cumpla con voluntad lo establecido, lo aprendido, que llene las expectativas del “otro” que no sienta, que no cree, que piense como cumplir con lo aprendido. No se busca la innovación se busca la repetición, porque lo que se puede anticipar da seguridad. ¿Es esto lo que buscamos?
La soberbia del modelo está a la vista... él contiene la verdad, y los humanos que no parecen comprenderla, merecen ser re educados y castigados si se resisten. El autoritarismo implícito, el sometimiento que propone, surge en todos los aspectos, el precio de la seudo seguridad es la renuncia a la condición humana: la libertad. Enorme paradoja....
Claro, si todo es individual, pero estipulado por un conjunto o sociedad anónima, las características de los vínculos tiene este tinte, las personas están juntas sin estarlo, el encuentro es desencuentro, las familias son soledades compartiendo espacio, la comunicación está bloqueada, el conflicto es permanente, ya que cada uno culpa al otro de lo que sucede porque es el “malo”, para asegurar que se es el “bueno”.
Los diálogos se convierten en un pase de cuentas donde el chantaje emocional está todo el día en acción. Las exigencias de que el otro cumpla con las expectativas es permanente: ”Te quiero si ... ”. El amor es una mercancía tan preciada como escasa, hasta cuando se lo tiene se escapa, pocos la disfrutan y la mantienen... pero la falla es de las personas, no del modelo de vida...
Generada la ilusión de carencia, que en realidad es bloqueo, el “derecho” se vuelve “deber”:
hay que luchar por un poco de amor, por un poco de comida, por un poco de gloria, cuando en realidad todos somos naturalmente gloriosos. Es asombroso como ni se registran las manipulaciones para lograr que el otro haga lo que uno desea, que llene las expectativas a cualquier costo, cuanto se presiona para lograr los objetivos y cuanto uno se divide para tratar de llenar las expectativas de todos.
Los vínculos se prostituyen ¿por qué? Porque se nació en una familia con estas reglas, y el modelo está instalado en un lugar que nadie sabe mirar y que nos dirige compulsivamente: el área emocional humana. La carga emocional que tiene esta matriz se vuelve la llave para aceptar esta propuesta absurda, es como si mamá y papá nos siguieran enseñando, cuidando, reglando en nombre del amor, solo que ahora se llama sociedad. Y como nuestro “derecho a ser” lo perdimos en la infancia al perder los derechos al amor sin condiciones, se vive como natural esta propuesta, porque no se recuerda como se grabo ni se enseña el código emocional y la mirada que lo haría evidente…el chantaje emocional: te quiero si….llenas mis expectativas.
El exitismo es la zanahoria del modelo, el premio que genera y legaliza el abuso de poder y rivalidad y saca el disfrute del proceso de vivir en función de la ansiedad por llegar... a donde no se llega nunca, pero se culpa al individuo por no haber llegado, no al modelo, otra paradoja. Y lo más increíble: no hay a donde llegar, y la maravilla es estar yendo y disfrutando del viaje, porque en realidad solo se llega al final de esta vida.
El mito de que cuando llegue encontraré la felicidad que busco hace que se acepten los costos cotidianos, las renuncias, los dolores, la desconexión, la soledad y el maltrato del camino...; se teme ser un perdedor para la mirada de los otros, ya que esto también implicaría mostrar que se esta fallado… y pasar al grupo excluido.
Se entrena a correr tras las metas, para asegurar que todos vayan por el mismo camino, para que nadie se distraiga, léase se vuelva creativo, se presiona para llegar en determinados tiempos, como si todos fueran iguales, se afirma una ilusión de comienzo y final tras el cual vienen premios maravillosos, la llegada al edén...que nadie alcanza pero que no se declara ya que se cree que en algo uno se equivocó o falló y trata de hacer como que llegó y encontró el edén....así todos participan de esta simulación de ver al” rey vestido cuando está desnudo”... nadie nombra lo real por temor a ser condenado al grupo de los condenados.
¿Tiene sentido en nombre de la seguridad pagar estos precios? ¿Generar tanto malestar para asegurar una ilusión de seguridad? ¿Es “normal” esta normalidad? ¿Tanto sufrimiento se justifica? ¿Y si el dolor surgiera de esta concepción de la vida, de este paradigma y no de la vida misma? ¿No sería más sencillo cambiar el modelo que seguir sosteniendo lo insostenible para la mayoría? ¿Y los que lo pueden sostener, no serán los anormales? O SOLO UN TIPO DE PERSONAS PARA LAS QUE ESE MODELO SIRVE, PERO NO LOS HACE DUEÑOS DE LA VERDAD.
Un mundo de relaciones superficiales y formales se establecen, en la búsqueda por parecer, por llegar, se pierde el contacto con lo profundo y único del ser humano, su esencia, su potencia, SU ENORME CAPACIDAD DE AMAR.
Un sinnúmero de creencias sostienen este modelo como afirmación de la realidad: la vida es difícil, sólo se logra con esfuerzo, la vida es esfuerzo, con voluntad todo se logra, si te empeñas lo lograrás, etc.... La creencia es sólo un intento de explicar, justificar o describir la realidad. Es una hipótesis de cómo son las cosas, limitada en relación con una realidad que nos contiene, de la que formamos parte pero que nos trasciende.
Las palabras son pobres para traducir vivencias. Las creencias implícitas en imágenes que tenemos grabadas son mucho más poderosas.
Cuando somos niños, grabamos en imágenes, e incorporamos las creencias sin mediatizarlas por el intelecto. Son inconscientes, funcionan como matriz de cómo deben ser las cosas, porque las vimos realizar por las personas más importantes y que más amamos: nuestros padres. Luego configuran un tamiz compulsivo, que aceptará o no la propuesta social, el modelo, si coincide con esta matriz interna. Los niños la incorporan por amor y la hacen suyas para pertenecer al sistema familiar que le da identidad.

Los padres aprenden a serlo en la experiencia infantil con sus propios padres. Más allá de lo que crezca la información sobre la educación de los hijos, la calidad del vínculo afectivo y el modelo vincular se reproduce de generación en generación, así como el modelo familiar inconsciente. Los contenidos pueden cambiar, pero las estructuras, las dinámicas y los lugares se mantienen.
Estas familias con su modelo generaron este modelo social y el modelo las asegura, y ellas lo perpetúan sin conciencia creyendo que deben ajustarse al como una instancia superior e independiente.
Es en este juego mutuo que se refuerzan las ilusiones y la falta de conciencia de las posibilidades de cambio, se cierra en un círculo perfecto, lo creado condena al creador y le prohíbe seguir creando. ¿Qué quiere decir esto?


Las familias preparan su continuidad en la generación siguiente más allá de su voluntad. Por las reglas que son propias de los sistemas, en particular los familiares: la tendencia a mantener el equilibrio establecido. Los humanos tenemos raíces que surgen de nuestros padres biológicos quienes nos reciben con una mochila cada uno, de la que nos hacemos cargo, de acuerdo a varias características que definen la modalidad. Por ejemplo: momento familiar en que se nace, potencial, sexo, situación de la pareja de padres, modalidades de ellos, historia familiar, secretos familiares, ser deseado o ser accidente y otros avatares.

Necesitamos de ellos para incorporar el código de la época, sobre cómo realizarse. Cuando ellos tratan a sus hijos como “tabla rasa”, algo sólo para educar, no para descubrir; cuando los consideran vacíos al nacer, sin un ser adentro que sólo no sabe hablar, pero que percibe y está conectado con el universo del que forma parte... van a enseñarle cómo “deben ser”, cómo llenar ciertas expectativas de “buen hijo”, reduciéndolos a una receta.
Sin darse cuenta, los desconectan de sí mismos, llevan su mirada a la de ellos como referente de lo que corresponde hacer, y los instalan en una dependencia y fragilización in crescendo... el amor queda unido a las expectativas, y se convierte en algo a conquistar, hay que cumplir para ser amado. Lo que era un derecho al nacer: ser amado y amar, se convierte en un trabajo difícil, efímero y escaso.
Muchos aprenden a hacer cosas en contra de sus propios deseos para ser amados y aceptan la manipulación o chantaje emocional como algo habitual: “Te quiero si...., si me querés harías esto por mí”... El mecanismo emocional que encaja con la propuesta social ya está grabado. Al crecer, y volverse adulto, comenzará a proyectarlo en la relación con los otros y llenará las expectativas sociales como si estuviera hablando con sus padres y tratando de agradarlos. Tratará de reproducir el legado imitándolo con orgullo, sin conciencia de que cumple, creyendo que elige, ya que su intelecto así lo describirá.

Si, en cambio, es un niño que no llenó las expectativas de sus padres, por el sexo, por no ser deseado, porque estaban en situaciones de conflicto o lo abandonaron o rechazaron en montos altos, será un rebelde al modelo, tratará de vivir distinto, opuesto a ellos, y constituirá el mundo de los anormales, de los excluidos, de los “malos” de la película, de los hijos que uno no sabe porqué le salió así....

Concienciar este mecanismo es restarle fuerza a este modelo que se perpetúa a sí mismo.
No es la sociedad la que hace al individuo, es la familia. Y ésta arma sociedades. Se agrupa, y sus integrantes forman la cultura.
La sociedad es el tejido cuyas células son las familias y los individuos son sus unidades. Se sostienen mutuamente, pero la familia asegura la continuidad o la transformación social, ya que si cambia su forma educativa, su manera de crianza, de visión de lo que es un bebé y de su función paterna, modifica la inserción del individuo en la sociedad.
Cuando adultos, reproducimos nuestro modelo y lugar familiar en el mundo para seguir en casa afectivamente. Si cambia este, cambiamos el mundo. Nuestra autoestima se forma con la mirada de nuestros padres. Tanto nos sentimos vistos y apreciados, tanto luciremos nuestro ser en el mundo.

Mira cuán insatisfecho estás de adulto y sabrás el monto de carencia emocional en la infancia. Así será la carencia que armarás y aceptarás como “normal” en tu vida adulta y tomarás creencias que las justifiquen o te convencerás que tienes que encontrar fuera, en los logros, un bienestar que solo surge del contacto interno. A mayor abundancia emocional infantil, mayor autoestima adulta. A mayor autoestima adulta más autonomía del modelo… ¿Quienes se vuelven anormales? ¿O es anormal buscar y disfrutar la autonomía responsable?

¿Podría un individuo con estas vivencias ser funcional al modelo “normal”?

La normalidad es una serie de reglas y creencias preestablecidas por un modelo estrecho, limitante y debilitante de la condición humana, y nos aleja de nosotros mismos y de la unidad de la que formamos parte, perdiendo la alegría de bailar con ella para maravillarse todos los días con lo que nos responde si le sabemos hablar. Si nos sabemos comunicar.

CAPITULO II, del libro: ¿Sobrevivir o Vivir? ¿Cómo Saberlo?, de BERTA SPERBER

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