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El arte de pedir perdón

El arte de pedir perdón“Que nuestros hijos sean la obra maestra del amor..” (Jorge Castagnet)

Una vez leí una historia en donde le preguntaban a un sabio, “¿cuál es la medida del amor?” Y su respuesta fue: “amar sin medida”.

En el mismo tono surge la duda respecto del perdón: ¿Cuál es la medida del perdón?

Pocas experiencias amorosas más profundas experimenta nuestro ser en su transitar, que el perdonar y el ser perdonado. ¿Se nace sabiendo perdonar? Me parece que esta virtud profundamente humana se aprende. Desde esta perspectiva, los padres tenemos una oportunidad única de “llenar la cuenta bancaria emocional”. Vamos a invertir un poco de tiempo en ella (no olvidemos que somos gente muy ocupada).

Randy Paush es una persona excepcional por definición, dueño de una historia de vida que invito fervientemente a conocer (a los que les gusta internet pueden entrar en www.thelastlecture.com y van a pasar un gratísimo momento el fin de semana). Su libro “La última lección”, nos da una clave muy concreta  para poner en práctica con nuestros hijos, y porque no en nuestra propia vida. Voy a compartir un extracto textual del capítulo que se refiere a las disculpas.

“Las disculpas apropiadas se componen de tres partes:

1. Estuvo mal lo que hice.

2. Me siento mal por haberte lastimado.

3. ¿Cómo puedo hacer para reparar el daño producido?

En ese momento un estudiante me preguntó ¿qué pasa si el otro no quiere disculparme? Quizás no esté preparado para recibir tus disculpas, deberás tener mucha paciencia. Tu paciencia será recompensada y tan valorada como tus disculpas.”

Es muy interesante este proceso para trabajar con los chicos, el perdón no es sólo una expresión afectiva y reactiva, es un trabajo de ambas partes, del que pide perdón y del que perdona (a veces la tarea más difícil).

Comparto algunas “pistas” que surgen del texto de Randy.

a. Estuvo mal lo que hiciste no es lo mismo que, “sos malo”. En el fragor de los “decires” tenemos que ser prudentes en separar el hecho de la persona, piensen cuantas cosas decimos que luego nos resultan imperdonables a nosotros mismos en el ejercicio de escucharnos.

b. Se trata de una experiencia reparadora real, el sentimiento en la propia persona del daño producido al otro, es una forma muy concreta de entender hasta dónde le duele, sólo de esa manera podremos generar anticuerpos para no repetir los mismos errores. Es una tendencia muy habitual el ser indulgente con los malos hábitos sólo por repetición de los mismos. 

c. No es una expresión de deseo intentar reparar el daño, sino es el momento clave del perdón. Cuando le hago mal al otro, lo hecho, hecho está, de eso ya no se vuelve. Entonces, ¿qué hace perdonable una mala acción?: la verdadera intención de no hacerlo más y de reparar lo hecho en su totalidad.

Por último, la paciencia. A veces la ansiedad y la velocidad superficial de estos tiempos, nos hace perder la dimensión que nuestra equivocación, puede tener en el corazón del otro. Sólo la empatía (ponerme en los “zapatos” del otro en tanto otro, y no pretendiendo que piense como yo) me permitirá la experiencia sanadora del perdón, dejándome perdonar, como puede el otro, en el tiempo del otro y asumiendo el riesgo de no ser perdonados.

No hay caso, las vivencias educativas amorosas requieren de mucho tiempo y de entrega total. Son una verdadera obra de arte, para artistas ocupados, muy ocupados en cosas importantes.

Lic. Adrián Dall’Asta

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Comentarios (1)

  • Invitado - Adriana

    Qué lindo lo que dices, qué importante es el perdón, y que los niños lo aprendan desde chicos, para construir una sociedad más tolerante y empática. Gracias.

    hace cerca de 3 años
 

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