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Cómo evitar que una tristeza termine en depresión

Cómo evitar que una tristeza termine en depresiónRecientemente mi esposo y yo vivimos un episodio bastante doloroso para nosotros. Algo que habíamos planificado durante mucho tiempo y que esperábamos con ansia, no se dio.

 Mis primeras reacciones fueron de frustración, dolor y desesperanza, y no obstante mi aprendizaje de vida acerca del manejo de la depresión, sentía que esa emoción venía con mucha intensidad; incluso debo confesar que me sentí un poco temerosa de no poder levantarme y continuar.  Pero a pesar de todas mis emociones, mi mente consciente sabía que si me quedaba enganchada en ese sentimiento, mi tristeza se convertiría en sufrimiento y por ende podía transformarse en una leve depresión.

Así que me dije a mí misma: “Glenda tú puedes, tú tienes en tu interior las herramientas necesarias para salir de este hoyo negro en el que sientes que estás cayendo…lo has hecho antes y lo puedes volver a hacer”.

Quiero compartir contigo el resultado de esta experiencia que reafirmó mi creencia de que ciertamente podemos superar cualquier episodio "negativo" en nuestra vida, si nos hacemos cargo de la emoción desde un principio, no evadiéndola, sino enfrentándola. A continuación te resumo las claves para evitar que un episodio de tristeza pasajera, aunque esté golpeando duro a tu puerta, se convierta en una posible depresión.  Aunque la recibas, no tienes por qué aceptarla como un huésped permanente.

1. No entrés en pánico. Tener un episodio de profunda tristeza no quiere decir que te vayas a deprimir. Recuerda que eres un ser humano, no un robot.

2. Tómate el tiempo necesario para vivir tu proceso. Reconoce que ha sido un momento duro para ti y date el permiso de dejar que tus emociones afloren, por supuesto desde la compasión y la bondad, especialmente hacia ti.

3. No tomes ninguna decisión importante de la que te puedas arrepentir más adelante, pues tu mente está confundida y abrumada por la emoción.

4. Acepta lo que la vida te está entregando. Una vez más reafirmé que de nada sirve resistirse al momento presente; que rehusarse a vivir la circunstancia o el evento que la vida te está regalando, solo agrega más sufrimiento. Agregarle calificativos o buscar culpables, tampoco ayuda. Ninguna experiencia es buena o mala, solo es lo que es. Si ves la experiencia a través de los lentes del perdón, la compasión y la bondad y haces extensivo estos sentimientos hacia toda cosa o toda persona que estuvo involucrada en la misma, verás cómo se va transformando tu dolor en una emoción más sosegada, cada vez más soportable, hasta desaparecer. La única manera de disipar una emoción de baja vibración, es con otra que resuene en una frecuencia más elevada.

5. Presta atención a tu diálogo interior. En esos momentos nuestros pensamientos se convierten en un arma poderosísima; bien sea para ayudarnos a salir del abismo en el que sentimos que estamos cayendo, o para acelerar nuestra caída. Cuando surja un pensamiento negativo, hazte cargo de él, cuestiónalo y reemplázalo por otro que te produzca tranquilidad. En mi caso, una de las cosas que más me atormentaba era pensar que el tiempo se nos estaba agotando y que quizás esa sería nuestra última oportunidad para lograr eso que tanto anhelábamos, lo cual me llenaba de angustia y frustración. Pero cuando me hice cargo de ese pensamiento y cuestioné su veracidad, diciéndome a mí misma: ¿Quién dice que esta es tu última oportunidad?, ¿dónde está escrita tal afirmación?, ¿realmente crees que no tendrás otra oportunidad para intentarlo? Ahí pude darme cuenta de que estaba siendo bastante extremista y de que no había ninguna razón lógica para pensar de esa manera, que el tiempo de Dios es perfecto y que ese pensamiento solo era una consecuencia de mi estado emocional.

6. Remontarte al pasado para buscar culpables o para indagar que fue lo que hiciste mal o dejaste de hacer, tampoco tiene ningún sentido. Si vamos a recurrir a este, tiene que ser de forma constructiva. En mi caso me fue útil acudir al pasado para evocar todos aquellos momentos en los que las cosas no habían salido como yo deseaba en un primer intento, pero que la vida después se encargó de demostrarme que todo había sucedido como tenía que suceder y que al final siempre recibía incluso algo mejor de lo que yo deseaba.

7. Paso siguiente, como por arte de magia, cuando sueltas la resistencia y no permites que los pensamientos negativos se adueñen de ti, cambias de frecuencia y logras entonces hacer como el surfista, que no lucha contra la ola sino que aprovecha su fuerza para remontarse sobre ella y lograr su objetivo. Es a partir de ese momento que tu mente se ilumina, que tu ego deja de perturbarte y empiezas a utilizar tu sabiduría interna para encontrar las respuestas.

Por supuesto que nada de esto ocurrió de la noche a la mañana, pero lo importante fue que no permití que esta desilusión se me convirtiera en una tristeza mucho más profunda o quizás en una depresión.

Cuando aprendemos a manejar nuestras emociones siguiendo la voz de nuestra divinidad y no la voz de nuestro ego, es imposible que nos deprimamos.

“No podemos controlar ni escoger cada experiencia que llega a nuestra vida porque somos seres humanos interactuando constantemente con nuestro entorno y la mayoría de esas experiencias están ahí para enseñarnos algo. Pero sí podemos decidir cómo procesarlas: con dolor, rabia, frustración y preocupación o dejándola fluir, sacando de ella la mayor cantidad de aprendizaje posible y convirtiéndola en un abanico de oportunidades para crecer espiritual y emocionalmente”. SANAR ES UNA ELECCIÓN, Pág. 61.

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