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De repente… una prueba de la Vida!

Una prueba de vidaDe repente a mi marido lo estaban operando. Sin síntomas pero por fortuna a tiempo, le habían detectado un cáncer. Le tuvieron que extraer un órgano con solo 30 y pico de años. Gracias a Dios y la Vida, no tenía ramificaciones con lo que la operación terminó siendo sencilla…

pero nos costaba entender estas cosas que pueden pasar incluso siendo tan jóvenes. Fueron semanas duras de muchas corridas, de muchos nervios, de muchas incertidumbres, que finalmente iban dando resultados positivos, pero el proceso era muy pesado de llevar. Hasta que yo quedé embarazada, y esto si que nos llenó de alegría y sabiendo que siempre las cosas pasan por algo, empezábamos a encontrarle la vuelta a esta vivencia. Con todo esto que estábamos pasando, y los riesgos que corríamos en no poder tener un hijo como tanto queríamos, habíamos decidido empezar a buscarlo, y en poquitas semanas este resultado también había sido positivo.

Pero esta historia continuaba… empecé con perdidas pequeñas, me recomendaron hacer reposo, y también sin síntomas y en solo 31 días después que mi marido, de repente a mí también me tenían que operar y de urgencia, ya que mi vida estaba corriendo riesgos. Había tenido un embarazo ectópico,  el embrión se me había alojado en la trompa izquierda, y tuve la mala suerte que se estalló y estaba desangrándome por dentro. Ni un solo dolor, ni una mínima molestia, pero igualmente me encontraba camino al quirófano, totalmente consciente que si hubieran pasado solo 10 horas más, quizás no hoy no estuviera escribiendo este texto.  

Se me cruzaban miles de cosas en ese momento. Obviamente me atormentaba saber que solo 31 días antes, el que estaba en ese lugar era mi marido, y que hoy él estaba en mi lugar probablemente rezando que todo saliera bien… también pensaba las “causalidades” de la vida que no estaban llevando a vivir estas dos cosas tan fuertes, tan parecidas en tantas cosas y en tan poquitos días. Y llegué al quirófano, y mientras los médicos preparaban todo lo que necesitarían para ver en que “estado estaba yo por dentro” como me decían, yo seguía navegando en mis pensamientos… se me cruzaba por la cabeza la forma en que estaba llevando mi vida, la felicidad que decía sentir, se me cruzaba por la cabeza mi hijo, que gracias a Dios había podido ver segundos antes que yo entrara al quirófano, pero no pude evitar empezar a pensar que pasaría con él si a mi me pasaba algo… se me cruzaba por la cabeza mi marido y sus próximos años, mis padres, que estaban en camino, ya que nosotros estábamos de viaje en otra ciudad y lejos de donde vivíamos, también mis hermanos, mis sobrinos, mis amigas, y empecé a rezar…. 

De repente empecé a sentir una paz muy profunda, una sensación de mucho bienestar, en un momento que nada dependía de mi, una sensación de entrega infinita a Dios, de mucha generosidad, de un inmenso amor incondicional, y empecé a visualizar a todos y cada uno de mis afectos habiendo retomado sus vidas con mucha felicidad y paz, independientemente que yo ya no estaba con ellos en este mundo… todos podrían ser muy felices, todos podrían continuar con sus vidas, incluso mi hijo, podría tener a su mamá más cerquita que nunca, junto a su alma, y tenía muchísima gente que le daría todo lo que yo no iba a poder darle.  Y así me animé a cerrar los ojos y entregarme a la anestesia y a Dios, totalmente convencida que todo iba a seguir su curso, que si mi hora estaba llegando, podía llegar tranquila, ya que yo sentía una inmensa paz, felicidad y fortuna con lo que era y tenía hasta ese momento.

Sin duda que no era mi hora y al rato estaba abriendo los ojos. Al lado mío se encontraban mi marido y mi hijo, dándome la mano, acariciándome la cabeza, y muy contentos porque todo había sido solo “un gran susto”. Gracias a Dios también a mi me habían agarrado a tiempo, y definitivamente la vida nos estaba dando la oportunidad de hacer un retruque, y seguir juntos. 

Que importante es despertarnos todas las mañanas agradeciendo 3 veces seguidas estar vivos… Gracias, Gracias, Gracias… Que importante es vivir con los pies en el mismísimo presente, ya que definitivamente no sabemos donde estaremos en tan solo un rato, que importante es estar bien y en paz SIEMPRE con todos nuestros afectos, ya que no sabemos que podemos quedarnos con ganas de decirles o demostrarles. Y que importante es hacer todo lo que esté a nuestro alcance para encontrar la paz y la felicidad verdadera y no desperdiciar ni un solo día en quedarnos dormidos, y que si la vida nos pone a prueba para que evaluemos de que forma estamos viviendo, podamos aprobar como siento que pude hacer aquel día. Cuanta abundancia, cuanta gratitud me da esta sensación.   

Desde aquel día de mi operación, se que estoy viviendo de regalo, y que si sigo en esta tierra es porque todavía me faltan cosas por hacer, y una lindísima misión por cumplir… y me comprometo con Dios, la Vida y todos los que Dios me cruce en el camino, a vivir cada día como si fuera el último y a acompañar a mucha gente a sentir aquello que yo sentí en ese momento, pero sin la necesidad de estar en riesgo de vida. 

Gracias, Gracias, Gracias…     

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