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El duelo diferido, o por qué me hice psiquiatra

el duelo diferidoUn día en quinto de carrera el profesor entró por la puerta y dijo: “Aquí no estáis para aprender nada. Estáis para desaprender”.

Y comenzó a hablar de la mente, de los sueños, de los síntomas, los deseos, las pasiones, los delirios, de Freud, del psicoanálisis, de la psicoterapia, de la hipnosis… y entonces supe con claridad lo que finalmente iba a ser de mayor.

Era el profesor de psiquiatría, el Dr. Koldo Totorika. (él no lo sabe pero tiene gran parte de culpa de que yo me decidiera por esta especialidad). Y una de las cosas que nos contó en sus clases, fue cómo los duelos podían no suceder en el momento de sufrir la pérdida, sino más adelante, con la llegada de otro acontecimiento que no tuviera relación.

A mí me fascinó este hecho psicológico, que después con la experiencia he comprendido y visto en varias ocasiones, pero que en aquel momento me ofrecía la puerta de entrada al estudio de un universo completamente nuevo, casi mágico.

Muchos años después, sentado frente al ordenador, escribí este pequeño relato, que es parte de mi próximo libro. Aquí os lo dejo. Espero que os guste.

EL PAJARITO

14 de Junio. Querido diario: Los días son muy largos en el hospital, y aunque pasan muchas cosas uno se acaba acostumbrando, y al final te aburres. Los pacientes se buscan distracciones para llenar el tiempo: ver la tele cambiando mucho de cadena, comer a deshoras, pedir cosas todo el rato a las enfermeras, pintar, pasear y así. Claro, se me olvidaba, también escribir (que es lo que yo hago).

Francisca es una mujer mayor, aunque no mucho. Vino porque estaba algo deprimida. La trajo su hija. Al poco su hija murió y Francisca siguió igual de triste, y como no había nadie que pudiera cuidarla pues ya se quedó en el hospital.

El caso es que Francisca se distrae con un pajarito que se acerca al banco del jardín donde ella pasa las horas. Es un gorrión y es macho (lo sé porque tiene el pecho negro) y ella le da de comer migas de pan que coge del comedor. No viene siempre pero ella lo trata con mucho cariño y le dice cosas, y alguna vez hasta le sonríe. Yo he visto que cómo se le posa en el regazo, y salir volando cuando se acercan otras persona.

Como todos lo sabemos nadie va con ella si está con su pájaro, e incluso José, del que ya os he hablado y que deambula sin rumbo, parece respetar esos momentos

Cuando falta, Francisca le deja migas sobre el banco en un montoncito, que al día siguiente no está. No le he dicho nada pero creo que el montoncito a veces se lo comen otros pájaros.

Por desgracia un día el gorrión de Francisca apareció muerto debajo de un árbol. Le debió dar un infarto o algo, o quizá murió de viejo. Alguien avisó a Francisca que esperaba en su banco. No se levantó a verlo sino que se echó a llorar con mucho desconsuelo. Todos fuimos a darle “el pésame” diciendo que lo sentíamos mucho, pero aún así no paró de llorar.

Pasaron varios días y hasta los terapeutas se preocuparon. No sabía nadie como consolarla. Entonces Adrián, que es joven y tiene esquizofrenia y que aún no le había dicho nada, se acercó a ella y le dijo: “Francisca, siento mucho lo de tu hija”, y le dio un beso. Francisca lo miró muy dulce y le dijo: “Gracias Adrián”, y aunque siguió triste durante muchos días, en ese momento, dejó de llorar.

¿Te ha gustado? Espero que sí. En ese caso no dejes de compartirlo con otras personas. ¡Gracias!

El doctor Iñaki Vázquez es psiquiatra-psicoterapeuta y está empeñado en que todo el mundo pueda recibir la ayuda que necesita sin importar el país donde se encuentre. Puedes saber más sobre él en su blog: menteenpositivo.com

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