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Es tiempo de llamar las cosas por su nombre

Es tiempo de llamar las cosas por su nombreTodos escuchamos historias de vidas que nos muestran gritos, golpes, zamarreos, insultos, desvalorización verbal y gestual acompañados de momentos de suavidad y supuesta contención. Donde el niño sentía una profunda creencia de que merecía lo que estaba viviendo.


De los que han sido víctima en infancia (hoy adultos), y buscan la manera de entender qué sucedió, cómo fue posible esa situación, en muchos casos terminan justificando a sus padres con frases como: hizo lo que pudo, él o ella creía que me estaba educando... y tantas otras maneras de encubrir la verdad. Se exigen a sí mismos el sentimiento del perdón, como algo que si no logran los ubica en un lugar de maldad o culpa... un circulo interminable que los aleja de la felicidad.
Usamos el término verdad, ya que para poder comprender cómo quien nos dio la vida nos puede golpear y degradar, y al mismo tiempo ser visto por sus amigos o vecinos como padre ejemplar, amoroso.
La mente se marea hasta el hartazgo, ¿cuál es la verdad? Golpes, desvalorización, pero  los demás no lo ven, no se dan cuenta; le creen todo y si yo digo que me golpeaba o insultaba no lo van a creer, si hoy sigue siendo una persona encantadora para la mayoría.
Estamos hablando de estructuras psicológicas psicopáticas, no el psicópata criminal, sino el que camina entre nosotros con aires de normalidad.
Estas personas funcionan por medio de la manipulación y siempre eligen una víctima, siempre están a la caza de alguna. Por ello los hijos son obligados desde temprana edad a no contar, a callarse y guardar el secreto de lo que sucede dentro, son grandes manipuladores.
Si nos detenemos a leer o escuchar lo que exponen profesionales que estudian al psicópata, se sabe que es muy difícil tratar con ellos y se aconseja alejarse, huir antes de que ya no se pueda.
Hablamos de una mente que no piensa como el resto. Una persona que sólo puede hacer lo que hace, porque es asi, no va a cambiar.
Por ello, cada uno de quienes tengan historias de vida teñidas por estas situaciones, tendrán que averiguar si quien ejerció el maltrato es psicópata o no. De serlo, comprender que es así, que no va a cambiar, y permitirse trabajar sobre sí mismo para poder salir de las garras de su manipulación es más importante que el perdón, el poder liberarse de su dominio.
Es distinto cuando el niño que crece con maltrato, quien lo ejerce tiene conductas autoritarias y violentas por adicciones como el alcoholismo, o tiene un deficiente control de sus impulsos, ideas erróneas acerca de la infancia o imágenes de si mismo muy dañadas. Por que en estos casos las conductas son visibles por los desbordes que tienen o por deducción al observar distintas reacciones.
Ser capaces de reflexionar con la ayuda necesaria e imprescindible, en estos casos, y llegar a comprender cual es el entramado profundo de la situación de infancia, es lo que permite a todo ser humano tomar las riendas de sus vida y vivir en paz.

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