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La ira

La iraLa ira se entiende normalmente como algo negativo, se asocia a la agresividad y violencia, pero no necesariamente tiene que ser así. De hecho, juega un papel importante a la hora de movilizar nuestra energía.

Por ejemplo, nos da fuerza para defender nuestro espacio o incluso nos motiva para el cambio. Estaría bien dejar de juzgarla y comenzar a utilizarla de manera constructiva.

Las veces que yo he sentido ira me ha ayudado a poner límites a aquellas personas que me invadían o también me ha movilizado para producir algún cambio interno y/o externo.

Para ser consciente de ella, hace falta darnos cuenta de nuestro estado corporal: la tensión muscular, respiración acelerada, subida de temperatura… y así saber lo que nos está pasando: qué situación me ha provocado esta reacción de ira.

A continuación, darse cuenta de los pensamientos que nos van apareciendo. Normalmente la ira viene acompañada de pensamientos destructivos, enjuiciadores o críticos y los otros se convierten en incompetentes, malvados, egoístas… Estas interpretaciones negativas nos hace ver lo peor del exterior, sin ser realmente objetivos, sólo cegados por este estado. Por lo que nuestra ira aumenta y así el círculo vicioso.

La ira es una de las emociones que permanece en el tiempo. Cuando hemos vivido una situación que nos ha provocado un gran enfado, si no está bien elaborada y expresada, al cabo del tiempo cuando volvemos a recordar este suceso volvemos a experimentar ese enfado que sentimos en su momento. Cuando se perpetúa en el tiempo, la ira, pasajera en principio, se transforma en amargura, odio, resentimiento y rencor, además de que alimenta el deseo de venganza.

Normalmente la ira aparece cuando nos encontramos con un obstáculo en medio de nuestro camino, cuando nuestros planes se estropean, cuando nuestras expectativas e ilusiones no se ven cumplidas. Nos enfadamos con el mundo, con la pareja o con nuestro jefe. Y a veces, nos resulta incontrolable esta reacción.

Si te das cuenta, la ira mueve una cantidad abundante de energía. Te propongo que en vez de utilizarla de manera agresiva o violenta, puedas sacarle partido.

1. Consciencia.

2. Aceptarla.

3. Expresarla.

Para expresar la ira, puedes coger papel y bolígrafo y escribir todas las palabrotas que se te ocurran. Yo lo hago en los momentos en los que estoy enfadada y me va genial. También, a veces, lo hago verbalmente, aunque si lo escribo tengo la sensación de que es más real. Como no me siento censurada, puedo escribir lo que me plazca y expresarme con libertad.

Para expresar un enfado con otra persona sería conveniente dejarnos de acusaciones, insultos o amenazas, ya que así no conseguiremos ningún resultado positivo sino todo lo contrario: nos sentiremos nosotros peor y la otra persona se cerrará en banda. Se trata de expresar la ira en primera persona del singular: Yo. De esta manera, asumimos nuestra responsabilidad de esta emoción en vez de centrarnos en el exterior constantemente.

En lugar de decir “Me pones nervioso” diremos “Me pongo nervioso”; en lugar de decir “eres un estúpid@” diremos “me saca de quicio escuchar eso”,  por ejemplo.

Cuando expreso mis frustraciones diarias o mi enfado a la otra persona sin acusaciones, me siento más liberada y tranquila. El vínculo con el otro se fortalece y me hago responsable de mi vida.

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Comentarios (1)

  • Invitado - Juan Antonio Velazquez

    Muy interesante esta perspectiva de las emociones, realmente encarecedora. Muy astutas tus sugerencias, las pondré en practica. Saludos desde Ecuador.

    hace cerca de 3 años
 

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