Menu
RSS

La encrucijada

La encrucijadaLa palabra encrucijada proviene de la palabra cruz. La cruz como símbolo, representa la unión de lo terreno con lo divino, contiene en sí la naturaleza humana y la naturaleza divina y también alude al cuatro, como los cuatro puntos cardinales que nos brindan orientación y orden.

El cuatro también simboliza la cuarta naturaleza, y es según Jung una representación de la integridad del ser humano, el antrophos, el ser original y divino, como origen y como meta.  

La encrucijada refiere a un lugar en el que se cruzan varios caminos. Se trata de una experiencia universal o arquetípica que marca un hito o momento bisagra, en el cual una vieja identidad o situación se agota, para dejar paso a una nueva. Frente a esta situación arquetípica, tal como si fuera un rito de paso o iniciación, “(…) se pide al novicio que abandone toda ambición intencionada y todo deseo y se someta a la prueba. Tiene que estar dispuesto a sufrir esa prueba sin esperanza de triunfo.”  (…), ya que otra de sus características es la de irrevocabilidad, o la imposibilidad de retorno. 

Aunque nuestra época ya no se conservan muchos de los antiguos ritos de iniciación, varios aún se mantienen (circuncisión, matrimonio, bautismo, etc.) y algunos han sido reemplazados por versiones más modernas de antiguos ritos (tatuajes, cumpleaños de quince, despedida de solteros, etc.) Asimismo existen momentos que marcan la transición de la juventud a la madurez, otros que representan la aceptación de nuevas responsabilidades, la adopción de una creencia o incluso de una nueva vocación. En todos los casos nos enfrentamos al status quo y si deseamos acceder al nuevo estadio debemos cruzar el umbral. En términos simbólicos esto implica que parte de la identidad anterior muere, es decir experimentamos un proceso simbólico de muerte y renacimiento.

El arquetipo del cruce se presenta en sueños y también en  la expresión artística, pero  al tratarse de una experiencia vital no existe personificación posible, es decir, no puede ser representado por una imagen humana (como por ejemplo la del héroe). No obstante, posee ciertas características que lo identifican como tal. En los sueños, suele manifestarse cuando uno se encuentra cerca de  acontecimiento arquetípico, como la muerte, crisis, maternidad, cambio importante, individuación, y su expresión simbólica es la de cruzar las aguas, franquear un puente, atravesar una gran ola, etc. Otra de sus distintivos como observamos, es la presencia  del elemento agua, la cual puede aparecer en sus diferentes manifestaciones. El agua en muchas religiones es un símbolo de  purificación, ya que transforma y vivifica a quien se sumerge en ella.  Pero también es una de las más importantes simbolizaciones de lo inconciente, o sea de lo caótico o informe. Por otro lado en la alqumia, el agua es la madre de todas las cosas, la matrix, el elemento que reúne todo lo separado, al igual que la cuaternidad. Es decir, el agua en el arquetipo del cruce, simboliza aquello que se desintegra y luego se reúne para crear lo nuevo.

El siguiente sueño ejemplifica claramente este arquetipo: “Caminaba sola por los confines de una gran ciudad, por calles destruidas y enlodadas, con oscuras casitas a los lados. No sabía dónde estaba, pero me gustaba explorar; escogí una calle que estaba terriblemente lodosa y conducía a lo que debe de haber sido una alcantarilla abierta. Seguí adelante entre las hileras de casuchas y entonces descubrí un pequeño río que corría entre donde yo estaba y un lugar alto y firme donde había una calle pavimentada. Éste era un río hermoso y perfectamente claro, que corría sobre el césped. Podía ver la hierba moverse bajo el agua. No había manera de cruzarlo, por eso fui a una casita y pedí un bote. Un hombre me dijo que me ayudaría a cruzar. Sacó una cajita de madera que puso en la orilla del río y yo vi en seguida que por medio de esta caja podía brincar fácilmente al otro lado. Supe que el peligro había pasado y quise recompensar generosamente al hombre que me auxilió.”

La mujer que relata el sueño comenta lo siguiente: “Cuando pienso con cuánta persistencia tenía que seguir adelante en el sueño me parece que debo de haber sabido que había algo bueno al final, como aquel río lleno de hierba y la calle alta segura y pavimentada que estaba detrás. Pensándolo en esos términos es como la determinación de nacer —o mejor dicho, de nacer de nuevo— en una especie de sentido espiritual.” 

Muchas veces este arquetipo se manifiesta junto con un evento sincronístico. Carl Jung utilizó este término y lo definió del siguiente modo: “Así pues, emplearé el concepto general de sincronicidad en el sentido especial de una coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal, cuyo contenido significativo sea igual o similar. Para evitarse malentendidos lo diferenciaré del término sincronismo, que constituye la mera simultaneidad de dos sucesos”.   La sincronicidad supone  por lo tanto la simultaneidad de una imagen o estado interno con uno o uno o más eventos externos los cuales poseen una relación mutua de sentido o significación.

A partir de los eventos sincronísticos, en ocasiones intuimos el hilo de la trama, el plan divino. Según Jung, nos brindan la oportunidad de comprender la forma de ponernos en equilibrio con la simetría del Universo, y al igual que la cruz apunta a la unidad del universo psíquico y físico, espíritu y materia. También confirman la existencia de una red invisible que comunica y interrelaciona a todos los seres, la unidad subyacente a todas las cosas.

En el siguiente sueño encontramos un ejemplo de arquetipo de cruce en conjunción con un evento sincronístico: “Me encuentro en una playa. Camino hacia el mar y repentinamente observo una ola gigante que se aproxima. Muy cerca advierto a una niña adolescente. La miro asustada. Ignoro como enfrentar la ola. Me dice que sí se cómo hacerlo porque mi padre me enseñó a saltar las olas cuando era niña. Ella se prepara para atravesarla y yo la imito en su postura. Luego la ola me cubre por completo. Parece ser eterna. Contengo la respiración por un largo tiempo. Finalmente logro emerger a la superficie. Posteriormente me veo a  mí misma en la playa. La muchacha ha desparecido. Camino por la arena, observo mi vientre y advierto que se encuentra cubierto por una gran mancha marrón. Examino la mancha y veo escamas de piel de pez.”  Pocos días después del sueño la mujer pierde su embarazo, ocasionándole una crisis y transformación muy profunda además de desencadenar su proceso de individuación. La imagen surgida del inconsciente coincidió no solo con su pérdida, sino también con su renovación y evolución espiritual.

El arquetipo del cruce y la astrología        

En la astrología existen ciclos planetarios que marcan momentos de cambio en la vida de una persona. Cada veintiocho años la estructura y el orden de nuestra vida se renuevan, y cada siete años se producen acomodamientos de esa estructura. Cada doce años el sentido de nuestra existencia, nuestras creencias y filosofías también toman un curso distinto. Por otro lado, los tránsitos de los planetas considerados “transpersonales” poseen la función de conectar al individuo con fuerzas que lo exceden y traspasan. Al encontrarse más allá de la órbita de Saturno, el aprendizaje implica una elaboración colectiva y a la vez personal sobre el rompimiento de estructuras.

Otro ciclo relevante en la vida de una persona es el del planeta Urano. La media vuelta de este planeta (cuando realiza una oposición a su lugar natal), marca lo que muchos han denominado “la crisis de la mitad de la vida”. Es un momento “puente” en el cual realizamos un balance entre nuestra vida pasada y las posibilidades futuras. Es un tiempo de posible individuación porque poseemos la oportunidad de redefinir el propio lugar en el mundo desde un lugar más maduro y menos condicionado por el colectivo.

Según mi experiencia, el arquetipo del cruce suele manifestarse mayormente con los tránsitos duros de los planetas transpersonales (sobre todo y en este orden, Plutón, Urano y Neptuno), al sol, a la luna, y al regente del ascendente. También, cuando el planeta transpersonal ingresa al ascendente y quizás en menor medida cuando toca algún otro ángulo de la carta. Como expuse anteriormente,  la oposición de Urano al Urano natal es otro de los posibles períodos bisagra o de arquetipo del cruce,

Conclusión

Muchos sueños preparan al individuo para acontecimientos futuros. Incluso en algunas ocasiones, como en los ejemplos que expuse, aparece un ayudante que colabora con el soñante en el momento crítico. Esto  sugiere que la persona posee las herramientas necesarias para emprender el cruce del umbral. Como dice Joseph Campbell; “Éste es el símbolo de sus propios talentos y virtudes especiales, los cuales la han llevado a través de las aguas del mundo.”  Pero esto no siempre es así. A veces el yo onírico presenta resistencia y se niega a cruzar, lo cual indica una negativa frente a lo nuevo. No obstante, y más allá del desenlace del sueño, este arquetipo siempre  anticipa el proceso de renovación y transformación que se aproxima, del cual en definitiva, es imposible escapar.

 

Revista Uno Mismo del mes de Septiembre 2012

primi sui motori con e-max

Deja tus comentarios

Enviar un comentario como invitado

0
  • No se han encontrado comentarios
 

Ser Felices

Biblioteca

Especialidades

Terapias Complementarias

Espacio Espiritual

Redes Sociales