Menu
RSS

La inquietud de sí y la terapia Gestalt

Conocimiento de si y terapia gestaltMichel Foucault, en “Hermenéutica del Sujeto”  nos introduce en el problema de la relación sujeto y verdad, haciendo un abordaje histórico del desarrollo de la relación entre estos dos elementos, tomando como punto de partida la noción de “inquietud de sí mismo” (epimeleia heautou). El hecho de ocuparse de sí mismo.

Esta cuestión fue originalmente planteada a través de otro término, a través del precepto inscripto en Delfos: el “Conócete a ti mismo” (gnothi seauton), precepto concebido con un sentido original diferente al que se transmitió. En aquél momento éste y otros preceptos estaban relacionados más bien con reglas concernientes al acto propio de la consulta.

A través de Sócrates (relatos de Jenofonte y Platón) aparecen los dos términos asociados o hermanados en la idea de “es preciso que te cuides” (no ignorarse). Esta actitud del cuidado de sí es aceptada  por Sócrates quien se presenta como el depositario del mandato de los dioses a incitar a los otros a la práctica de la misma. Y la acepta al punto de morir por esto.

Esta actitud es llevada a cabo por él, descuidando para ello sus intereses. Esta es su misión. En esta tarea el papel de Sócrates es el de quien incita a sus conciudadanos a su “despertar”. Su papel es del tábano que pica, hincha y genera un movimiento. La epimeleia heautou, como fundamento del conócete a ti mismo, sería el principio fundamental de la actitud filosófica.

No es ésta una regla fundamental sólo para los filósofos, sino para todas las escuelas de la época.

Hay tres aspectos fundamentales para tener en cuenta en la epimeleia heautou:

a) Es una actitud (respecto a sí mismo, los otros y el mundo)

b) Es una forma de mirar desde el exterior hacia uno mismo, (prestar atención a lo que sucede con el pensamiento)

c) Implica una serie de acciones sobre uno mismo, por las cuales la persona se hace cargo de sí, se modifica, se purifica y se transforma.

En la epimeleia heautou se puede ver la evolución de la actitud filosófica desde el s. V a/c, durante toda la cultura griega hasta el ascetismo cristiano. Y es la noción de esta idea, el hilo conductor de esta evolución. Esta noción es un fenómeno importante en la historia de las prácticas de la subjetividad.  Define un modo de ser, un modo de reflexionar, una actitud.

Foucault se pregunta cuál es la causa de que la epimeleia heautou haya sido pasada por alto a lo largo del tiempo y sin embargo se haya conocido tanto el gnothi seauton (conócete a ti mismo). Para éste interrogante propone pensar en dos respuestas. La primera la encuentra en el hecho de que hay algo perturbador  en la inquietud de sí, que significan todas las formas de estar para sí mismo. Hay ciertas tradiciones que hacen desistir de dar un valor positivo a este precepto.  Suena a cierto repliegue hacia el yo, frente a la dislocación de la moral colectiva.

En la época de Sócrates este pensamiento tenía un valor positivo y lo paradójico es que a partir de la exhortación a ocuparse de sí mismo se constituyeron las morales más austeras, rigurosas y restrictivas que occidente haya conocido desde mucho antes del cristianismo. Entonces, aunque hoy se le pueda atribuir un significado egoísta a este precepto, fue en principio, positivo. También lo paradójico es que este precepto es retomado sea dentro o fuera de la moral cristiana y es resignificado en una ética de no egoísmo. Estas dos paradojas mencionadas podrían constituir uno de los dos motivos.

Otro gran motivo es el problema y la historia de la verdad. La razón sería el “momento cartesiano”  (Descartes, S. XVII). Desde ése momento se recalificó al gnothi seauton socrático, a partir de lo cual se sitúa a la evidencia, tal como se da a la conciencia sin dudas, en el punto de partida filosófico, o sea: autoconocimiento como forma de conciencia. Lo que daría acceso a la verdad es sólo el conocimiento. El conócete a ti mismo sería un acceso fundamental a la verdad al mismo tiempo que se descalificaría a la inquietud de sí, nos dice Foucault.

Entonces si llamamos filosofía a la forma de pensamiento que se pregunta sobre qué es lo que hace que algo se considere verdadero o falso (acceso a la verdad), llamaríamos espiritualidad a la ascesis, las renuncias, el conjunto de búsquedas, prácticas y experiencias, el precio a pagar por el acceso a la verdad.

Esta espiritualidad en occidente tiene tres características:

• No puede haber verdad sin una transformación del sujeto

• Esta transformación puede hacerse a través del amor (lo ilumina), o por el trabajo sobre sí mismo a través de la ascesis.

• El acceso a la verdad produce un efecto de contragolpe, ilumina al sujeto, le da bienaventuranza, tranquilidad del alma.

En la espiritualidad un acto de conocimiento no podría dar por sí mismo el acceso a la verdad, si no está acompañado de la transformación del sujeto. (La gnosis, corriente filosófico-religioso-esotérica, de los primeros siglos de la era cristiana, es la excepción)

Durante toda la antigüedad la epimeleia heautou, el cómo tener acceso a la verdad y la práctica de la espiritualidad, nunca estuvieron separadas (para ninguna escuela filosófica).

Entonces, entramos en la modernidad cuando admitimos que el acceso a la verdad es sólo a través del conocimiento racional. A partir de allí cambian las condiciones de acceso al conocimiento.

Las condiciones son dos y ninguna de ellas compete a la espiritualidad. Para conocer la verdad no hay que ser loco, hay que estudiar y estar dentro de un consenso científico. También hay condiciones morales. En todas hay condiciones intrínsecas y extrínsecas al acto de conocimiento, pero no conciernen al sujeto en su ser. El sujeto, tal como es, es capaz de verdad. A partir de ahí todo cambia. El ser del sujeto no es puesto en cuestión por la necesidad de tener acceso a la verdad. Desde ese momento, para acceder a la verdad sólo es preciso acceder al conocimiento. A partir de ahí no hay iluminación, transformación. La verdad no es capaz de salvar al sujeto.

Foucault aclara que este cambio no se da de manera abrupta, como un corte, sino más bien como un proceso. Desde hacía tiempo existía una brecha entre búsqueda de la verdad, acceso a la verdad y espiritualidad pero a lo largo de los siglos hubo numerosos puntos de roce.

Del período socrático platónico el autor se centra en el Alcibíades. En primer lugar señala que es importante recordar que el principio ocuparse de sí no es una actitud intelectual. Sócrates da importancia a la Tekhne, un saber artesanal que nace de adentro. No se puede gobernar a los otros si uno no se ha ocupado antes de sí mismo. Tomando en cuenta que para poder gobernar a otros hay que tener una Tekhne  y que para llegar a ésta hay que ocuparse de sí mismo, dando por entendido que el objeto de preocupación requiere una vuelta del sujeto hacia su yo, la pregunta a responder sería entonces para Foucault: ¿cuál es ese sí mismo del que debo ocuparme? …           

¿QUÉ RELACIÓN HAY ENTRE EL CUIDADO DE Sí Y LA GESTALT?

El cuidado de sí es un precepto filosófico que nos propone una transformación a través de una actitud hacia nosotros y los otros, y la vida en general. Nos llama a reflexionar sobre cómo pensamos y a tomar acciones concretas para nuestra vida y también el modo en que nos involucramos en relación a los otros. Es decir, no sería sólo un cuidado de sí mismo, sino también una actitud de estar dispuesto a involucrar a otros en ese sentido. El cuidado de sí implica un modo de ser en el mundo.

Un mundo en el que las verdades pasan por el conocimiento científico, por lo establecido, lo normal, lo previsible. Un mundo de seres domesticados por una educación de “moral de rebaño” (Nietzsche).

Un mundo de información, conceptos  y verdades objetivas. Donde se pretende que el objeto es observado desde afuera por un sujeto sin deseos, sin emociones y a partir de ello es posible elaborar una teoría, una representación verdadera, objetiva de la realidad.

El modelo de salud-enfermedad pertenece a este modo de representar la verdad.  La medicina “verdadera” es autoridad para determinar quién está sano y quién enfermo. 

El enfoque gestáltico nace a mediados del siglo pasado. En sus orígenes encontramos influencias del psicoanálisis, la psicología de la Gestalt (psicología de la forma), la fenomenología, el existencialismo y el budismo Zen. Fritz Perls, su principal fundador, toma diversos puntos de estas corrientes y hace  con ellos una integración creativa. El enfoque gestáltico es un enfoque holístico. Concibe al organismo como un todo. Y este todo es más que la suma de las partes. Éste enfoque no hace una división mente-cuerpo, sino que concibe al ser humano como un organismo total. No tenemos un organismo, “somos un organismo”

La relación que hay entre el cuidado de sí, y la T. Gestalt, reside en  que ésta también implica un modo de ser, una actitud ante la vida que conlleva en su espíritu el cuidado de sí. La Gestalt es una filosofía de vida.

La Terapia Gestalt, surge como una disciplina creada para ayudar a otros desde la psicología, pero con diferencias fundamentales con el paradigma salud-enfermedad, desde el punto de vista filosófico, en el modo de ver a la persona, y en la forma de concebir la ayuda.

Este enfoque no ha sido creado con la pretensión de conducir a la persona hacia un objetivo predeterminado, según el cual lo bueno, el bien del otro está establecido por  una medida que afirma que tal o cual conducta es la esperable dentro una norma.

La Terapia Gestalt tiene por objetivo el despertar de la conciencia a través de vivenciar nuestra experiencia. Es una terapia del aquí y ahora. Por eso en la gestalt la teoría va en cierto modo, detrás de la experiencia, Sería más bien la “explicación de actitudes, en lugar de constructos teóricos”   contrariamente a otras escuelas en las que la técnica es aplicada en terapia como derivado de una teoría. Por lo tanto desde estos otros enfoques el terapeuta es alguien que aplica “desde afuera”, casi como un mero observador, ciertas técnicas para que el paciente trabaje con ellas.

En la T Gestalt la acción del terapeuta es en-relación y está basada en actitudes más que en técnicas. El terapeuta conoce las técnicas porque las ha vivenciado.

El Dr. Claudio Naranjo, discípulo de Fritz Perls, nos explica lo siguiente:

“podría decirse que las técnicas son las ocasiones para la expresión –tanto por parte del paciente como del terapeuta- de las actitudes que constituyen el trabajo real. Son una serie de acciones en las cuales hay que involucrarse en un determinado estado espiritual y el terapeuta es quien tiene cierto dominio de tal estado. Su conocimiento de qué hacer o cómo actuar no deriva principalmente de fórmulas moleculares, sino de un entendimiento global de aquello de lo cual se trata- un entendimiento que él no es necesariamente capaz de formular en forma explícita. Más aún su entendimiento implícito –que ha desarrollado a través de su vida y entrenamiento, no está necesariamente relacionado con su punto de vista teórico”.

La Terapia Gestalt como filosofía de vida también requiere la vuelta del sujeto sobre sí mismo, con el fin de preguntarse, de verse de vivenciarse en lo que es. Éste trabajo sobre sí transforma al sujeto en un ser  responsable, capaz de autoapoyo, libre de elegir en el modo de relacionarse y libre de los condicionamientos externos trazados por la educación. En esta transformación el sujeto deja de ser lo que no es para ser quien realmente es.

De modo que, hay en la Gestalt una coincidencia con el cuidado de sí en sus tres aspectos fundamentales señalados por Foucault:

a) Es una actitud (respecto a sí mismo, los otros y el mundo)

b) Es una forma de mirar desde el exterior hacia uno mismo, (prestar atención a lo que sucede con el pensamiento)

c) Implica una serie de acciones sobre uno mismo, por las cuales la persona se hace cargo de sí, se modifica, se purifica y se transforma.

primi sui motori con e-max

Deja tus comentarios

Enviar un comentario como invitado

0
  • No se han encontrado comentarios
 

Ser Felices

Biblioteca

Especialidades

Terapias Complementarias

Espacio Espiritual

Redes Sociales